El F.M.I. considera que la reestructuración de la deuda de los hogares puede ser muy ventajosa para combatir la crisis.

La caída en los precios de la vivienda provocó un descenso en la riqueza de las familias respecto a sus deudas. Si además, a este efecto riqueza negativo se añade la ciada de los ingresos asociada al fuerte aumento del desempleo, se crea un escenario en el que a las familias les resulta cada vez más difícil pagar su deudas.

Cuando mayor es el endeudamiento de las familias, más intensa es la recesión económica y más profundo es el colapso del mercado de la vivienda.

El FMI señala que, en aquellos países con mayor ratio de endeudamiento, el consumo privado es todavía un 4,5% inferior cinco años después del estallido de la burbuja, frente a un descenso de solo un 0,4% en los menos endeudados.

En resumen la aplicación de medidas dirigidas a reestructurar la deuda de los hogares puede ser bastante ventajosa, sobre todo en aquellas economías con escaso margen en políticas económicas tradicionales.

Este tipo de iniciativas tienen un coste fiscal relativamente reducido y ayudan a sobrellevar los ciclos en los que el descenso en los precios de la vivienda y la contracción de la demanda se refuerza mutuamente.  Los programas aplicados en EEUU en los años 30 y los 90 o en Islandia en 2008  lograron reducir el número de impagos y ejecuciones hipotecarias y aliviaron la carga de pagos de las familias.